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COLOMBIA | Acueductos comunitarios son garantes del agua en áreas rurales de Caldas


En este departamento existen al menos 403 asociaciones comunitarias que abastecen de agua potable a 38.398 hogares rurales, por ejemplo en la vereda El Águila y el corregimiento de Samaría, ubicados a escasos minutos de Manizales; estos no solo garantizan el acceso a este recurso vital sino que además cohesionan a las comunidades beneficiarias.


Investigadores del Centro de Pensamiento Cultura Territorio y Gestión de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales llevan 4 años indagando sobre el papel que juegan en los territorios, los acueductos comunitarios de Caldas, Valle del Cauca y Cundinamarca.


El trabajo ha consistido en visitar las localidades, y a partir de observaciones y entrevistas a los integrantes de las comunidades evidenciar cómo se crean, construyen y gestionan estas infraestructuras. La recolección y el análisis de la información obtenida ayudó a fortalecer la base de datos del Sistema de Información de Agua y Saneamiento Rural (Siasar) del Ministerio de Vivienda, y su aporte también sirvió de insumo al proyecto de Ley 271 de 2022 “Gestión comunitaria del agua”.


En este proyecto participan los profesores Winston Manuel Licona Calpe y Andrea Bernal Pedraza y la estudiante Valentina Esquivel Grajales, todos integrantes del Centro de Pensamiento Cultura Territorio y Gestión, adscrito a la Facultad de Administración.


La profesora Bernal afirma que “los acueductos comunitarios surgen como respuesta a la necesidad vital de acceder al agua, reconocida como un derecho fundamental por la Unesco. Aunque son iniciativas informales no se deben ver como ilegales, sino que se rigen por el principio de distribución equitativa del recurso”.


“A pesar de los desafíos, estos acueductos comunitarios son ejemplo de la capacidad de las comunidades para organizarse y gestionar recursos vitales como el agua, adaptándose a las condiciones locales y garantizando su acceso a largo plazo”, agrega.

Por su parte el profesor Licona anota que “las comunidades visitadas tienen un sentido de valor por el agua muy arraigado en su cultura, siendo este recurso vital no solo para su supervivencia física, sino también para su identidad y desarrollo socioeconómico”.


En ese sentido, destaca que “la gestión comunitaria de los acueductos no solo asegura un acceso equitativo al agua sino que también fomenta la solidaridad y la cooperación entre los miembros de la comunidad, fortaleciendo así el tejido social y promoviendo un uso responsable y sostenible de este recurso tan preciado”.


“Los acueductos comunitarios no solo llevan agua a los hogares, también traen consigo un espíritu de solidaridad y cooperación, tejido en cada tubería y cada charla en asamblea”, indica.

Experiencias destacadas


La vereda El Águila, abastecida por la quebrada La Carola, es hogar de 84 familias conectadas a su acueducto comunitario, lo que representa un total de 220 usuarios distribuidos en 2 sectores a cada lado de la carretera. Aunque carece de una base de abastecimiento de acueducto, la zona cuenta con servicios básicos como recolección de basura, energía eléctrica y alumbrado público, además de algunas viviendas con sistemas de recolección de aguas residuales.


El acueducto comunitario El Águila (Acoelag), establecido en 1994, es un ejemplo de autogestión y esfuerzo comunitario. Su Junta Directiva, compuesta por diferentes roles como presidente, vicepresidente, fiscal, secretaria y tesorera, se reúne anualmente en una asamblea donde las familias conectadas discuten y toman decisiones importantes sobre la gestión del acueducto y sus servicios.


En contraste, el corregimiento de Samaria, ubicado cerca del municipio de Filadelfia, presenta otra realidad en términos de provisión de agua. Abastece desde a casi 500 familias de las comunidades de Samaria, Alto Mira, Cabuyales, El Caribe, El Castillo y Marmato y tiene un caudal captado de 8 litros por segundo.


La estudiante Esquivel menciona que “aunque afronta desafíos como la alta turbiedad, recibe apoyo municipal. Su Junta de Administración, encabezada por un presidente, vicepresidente, tesorero, secretario, fiscal y un vocal, se encarga de las actividades cotidianas y la facturación del servicio. Sin embargo, la participación de las familias en las asambleas es limitada”.


Por su parte el equipo de trabajo del acueducto de Samaria incluye un representante legal, una secretaria, un fontanero y dos operadores de planta. Se recauda un cargo fijo y una tarifa por consumo, y a pesar de ello las familias pagan oportunamente.


Para conocer más sobre este impacto territorial local y rural, visite el siguiente enlace: https://cpctg.manizales.unal.edu.co/


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